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Por qué podría haber ido a la manifestación y sin embargo no he ido
Como estos últimos días he escrito en este blog un par de textos de contenido político a propósito de la sentencia del Estatut y de la selección, me parecía incoherente e incluso cobarde no dar mi opinón sobre un acto tan trascendental como el que ha tenido lugar hoy en Barcelona, la manifestación contra la sentencia estatutaria, a la que yo NO he acudido.
Como reza el título, podría haber ido a la manifestación y sin embargo no he ido. Y explicaré por qué. Podría haber ido -o incluso, debería haber estado allí- porque yo voté a favor de este Estatut, lo cual es de por sí sola razón suficiente. También, porque estoy convencido que Montilla ha gestionado acertadamente este período convulso, defendiendo los intereses de Catalunya como su máximo representante institucional y a pesar de que ni los socios del PSOE ni los socios del tripartitos ERC i ICV le han puesto las cosas fáciles en casi nada, y el President necesitaba todo el apoyo de los catalanes. En tercer lugar, porque en España soy catalán y, cuando se tercia, defiendo lo que hacemos en Catalunya y cómo lo hacemos… a pesar de que son demasiadas las veces y las cosas en las que no lo hacemos tan bien como deberíamos y sabríamos. Y además porque, a estas alturas, resulta evidente que algunas de las instituciones del Estado no sirven adecuadamente a la sociedad y que la Constitución ha quedado algo obsoleta (la sociedad española ha evolucionado mucho más de lo previsto hace treinta años) y sería necesario reformarla de una vez para adecuarla a un país moderno, incluyente y federal. Es más, si dependiese de mi, el Gobierno central no pondría reparo alguno para que en Catalunya se celebrase un referendo por la independencia. Y facilitaría en lo posible lo que los catalanes decidiesen. No tiene sentido la convivencia si uno no quiere.
A pesar de todo, hace días decidí no atender a la manifestación, por varios motivos también. Empezando por el principio, porque desde el inicio del proceso estuve convencido que no necesitábamos un nuevo Estatut –y no sé si lo tengo escrito, pero la gente de mi entorno sabe de mi postura–, sino algunas competencias más (aunque la experiencia demuestra que ello no comporta necesariamente una mejor gestión) y mejorar claramente la financiación de Catalunya; y ello se podría haber conseguido con la simple voluntad política de transferir competencias y/o modificar la LOFCA o las leyes que se creyese oportuno, lo cual no sería la primera vez. Pero nos empeñamos en iniciar prácticamente un proceso constituyente, con un Estatut de trescientos artículos y la inclusión del término nación y todo lo que se deriva. Y ahí se lió todo. Y relacionado con el Estatut también, el hecho de que el procedimiento de reforma haya sido escrupuloso con la legalidad vigente, aprobado por las Cortes, sancionado por el Rey y haya sido incluso refrendado por el pueblo catalán no presupone que el contenido también lo sea en su integridad; es como si te conceden una licencia para un negocio textil al por menor y tu pones dos cortinas y tras ellas montas un burdel. Nos hemos hartado de afirmar la constitucionalidad del Estatut, pero no basta con decirlo para que efectivamente lo sea. Y sabíamos que o sometíamos a la Constitución a una interpretación relajada de sus preceptos o el margen de autonomía quedaba acotado, como así es de momento. Hemos abierto un proceso jurídico-político y ¿pretendíamos que los otros diesen una interpretación sólo jurídica y no política?
Estatut al margen, la propia manifestación del 10-J era el otro gran motivo que me echó atrás. No puedo sentirme cómodo en un acto cuyo lema reza “somos una nación, nosotros decidimos”. Yo decido cada cuatro años cuando deposito mi voto en las urnas. Pero es que sobre el término nación, no tengo ningún sentimiento especial de pertenencia a la nación catalana (posiblemente tampoco a la española, aunque algunos dirán que si reniego de una es porque soy nacionalista de la otra). Lo entiendo como algo abstracto y que forma parte de un imaginario, por supuesto respetable, comprensible y defendible, pero que no es el mío. Tenemos una historia, una cultura, una lengua y una tradición propias (y un derecho civil también) y eso nos da un bagage como sociedad espectacular. Y el resto de la mochila la llenamos con la experiencia de compartir todo eso con el resto de España (o las Castillas de hace siglos), y de aprender de los éxitos y de los errores, propios y ajenos. Lo que debería convertirnos en una sociedad vanguardista, segura, dinámica, abierta y flexible. Pero por desgracia, lo que reclamamos a España para Catalunya -pluralidad, autonomía, etc,- la negamos de puertas adentro. Aquí, si no eres catalanista (ahora ya nacionalista, puesto que casi todos los representantes reclaman la nación) estás fuera de la oficialidad. O dicho de otra forma, del pensamiento políticamente correcto. Y así nos va: la ausencia de crítica empobrece.
Añadiré que a mi a mi este tipo de manifestaciones me escaldaron hace años, cuando a mediados de los 80′s nos manifestábamos contra las reformas educativas socialistas, y todas las protestas en la calle se convertían en proclamas independentistas. Y me incomodan desde entonces. Y como era previsible, las esteladas (banderas independentistas), los gritos pro independencia y algún “bote, bote, español el que no bote” se han llevado el gato al agua y, a pesar de que había gente con intereses y textiles diversos –he pasado por la zona y lo he constatado–, a mi entender el independentismo y el nacionalismo han salido reforzados del unitarismo de la manifestación.
Veo el mérito de la convocatoria, y valoro el éxito de la misma: más de un millón de personas en pleno julio y por un tema así es para felicitar a los convocantes. Pero a propósito de un comentario en twitter del convergente Miquel Quintana (persona a la que recomiendo seguir si te interesa la política) en la que comentaba que el millón y medio de manifestantes de hoy representan un 33% del censo electoral catalán, me pregunto cómo es que con ese 33%, que se siente representado por el 90% en el Parlament de Catalunya (y, añado, a mi también me representa una parte de ese 90%), Catalunya va defender su dignidad ofendida. ¿Qué pasa con el 66% del catalanes que no acudieron hoy a la manifestación?
Impresiones balompédicas…y ¿nacionales?
Decir ahora que desde el principio he tenido buenas sensaciones sobre lo que España haría en el Mundial de Sudáfrica suena a listo, pero así es. Incluso cuando perdimos el primer partido contra Suiza. Y cuando ganamos por los pelos a Honduras. Pensé en la selección de Italia, que hace años que no juega nada bien pero acaba llegando lejos. Y me acuerdo especialmente del Mundial de España 1982, el de Naranjito.
Con 11 añitos que tenía entonces tener un mundial tan cerca era increíble. Eran años de cromos (todos: los de la liga y los del mundial), de verme cada partido, de conocer la alineacion de cualquier equipo de primera, de jugar con el Subbuteo (me suena raro incluso al escribirlo). Y aún recuerdo lo mal que llevé aquella humillación de la selección, también ante Honduras en el grupo inicial. Qué papel más patético. Eran los tiempos en los que la Real Sociedad (y el Bilbao) dominaban la Liga, y la selección -con Emilio Santamaría al frente- estaba repleta de jugadores de ambos equipos, más algunos más del Barça, del Madrid, del Valencia y del Betis. Arconada era grande, pero tampoco se lució. Lopez Ufarte no recorrió una banda decente. Zamora no desplegaba juego, y Satrústegui ocupaba inútilmente el centro de la delantera, el lugar de Carlos Alonso Santillana, el jugador español al que más admiraba y la razón por la que soy del Real Madrid desde pequeño.
Desde entonces, han sido muchas decepciones mundialistas. Mexico 1986, con un gol robado a Michel que la metió por la escuadra ante Brasil y el árbitro dijo que no había traspasado la línia. Y perdimos. USA 1994 (creo), con un buen papel de una selección que entonces afirmábamos que era la mejor de la historia de España, y con una eliminación injusta en cuartos ante Italia, con golpazo (y rotura nasal) a Luis Enrique. Tengo otros recuerdos más borrosos, pero la cuestión es que siempre NEGATIFOS, que diría Van Gaal. Jamás habíamos entendido como teniendo jugadores de primer nivel en los equipos más punteros del mundo (Barça y Madrid al menos), juntos en la selección la cosa no cuajaba. Hasta ahora.
Ahora sí el actual equipo es el mejor que ha tenido este país, y sí, la base son los jugadores del Barça, y no los del Madrid. Y no pasa nada: Puyol, Xavi, Iniesta, Piqué, Busquets o Pedro son increíbles. También Villa y Silva. Y Llorente, y Capdevila. Y por supuesto Iker, Sergio Ramos y Xabi Alonso (el hijo de otro ilustre realista, Perico Alonso, un currante del fútbol que no brilló en el mundial de naranjito) a pesar de lo que digan algunos. Creo que esta es una generación de futbolistas desacomplejada y con buenos entrenadores (Luis Aragones, Del Bosque… y por supuesto Guardiola). Y se hacen bien las cosas. A Del Bosque lo hemos puesto a caldo hasta hoy por su insistencia por mantener a Torres de titular estando en baja forma (jugador, que dicho sea de paso) siempre me ha parecido sobrevalorado. Pero como decía hoy Paquito González en Telecinco al terminar el partido, hay que felicitar a Del Bosque porque ha acertado con TODOS los cambios que ha introducido en cada partido. Ya lo apunté hace unos dias yo tambien Twitter: Del Bosque ha sabido leer los partidos y rectificar. Y así también se gana.
Pero es que hoy España ha jugado de maravilla. Un baño a Alemania en toda regla. Hemos podido meter tres más y, no, no da igual el no haberlos metido. Pero hemos demostrado tal superioridad ante uno de los mejore equipos del mundo (ahora y siempre) que cuesta aún de creer. Ayer, mientras veíamos la otra semifinal, antes del concierto de Alice in Chains, ya tenía yo claro que hoy debíamos jugar bien y lo haríamos. Y que esta vez sí, ganaríamos. Y así ha sido. Ahora, estoy aún más convencido que ganaremos el Mundial. Y no me vale lo de “y si no, pues somos subcampeones”. Ese no es el espíritu. Hay que salir a ganar y apabullar como hoy. Sólo si vas a por todas, puedes llevarte el gato el agua, aunque sea por la mínima; si sales a conservar, pierdes seguro. Es filosofía de vida.
Por cierto, no puedo dejar de comentar que la emisora COMRadio (91.0 FM y por internet) está retransmitiendo todos los partidos de la selección en este mundial. Y lo está haciendo en catalán, por primera vez en cualquier emisora de radio en Catalunya, con Sergi Mas, David Fleta y Joan Batllori al frente. Y las retransmisiones son buenas y divertidas, conectan. Como las del Carrussel Deportivo de la SER (que son mis favoritas de siempre), pero sin el elemento patriotero tan cargante. Me preguntaba un amigo via Facebook que a favor de quién iban los comentaristas. Por supuesto, a favor de España; y han cantado el gol como lo han cantado en la SER, en Telecinco o en Cuatro. Con pasión y emoción. Y le decía a mi amigo que también entre los comentaristas hay alguno que quiere ver perder a la Roja, pero entre risas y con la naturalidad de cualquier conversación/discusión entre personas civilizadas, el efecto de la retransmisión es incluso mejor. Refleja la pluralidad existente en Catalunya, esa que algunos desde fuera y desde dentro pretenden negar. Esa pluralidad que no se ha entendido por la España que ha animado el recurso al Estatut ante el TC y esa que dice representar a todos y quiere decidir por todos que nos larguemos de España. Vamos, que se puede animar a la selección (española) sin sentimientos de unidad nacional, y se puede votar un Estatut por un mayor autogobierno sin por ello sentirse tampoco parte de otra nación.
Estatut… ¿y ahora qué?
No debe ser casualidad, seguro: hace unos dias el gobierno Zapatero aprueba la reforma laboral justo el dia que España jugaba partido en el mundial y ayer el TC hace público su veredicto sobre el Estatuto de Catalunya… justo el dia antes de que España juegue de nuevo y el ruido del partido entierre el ruido de la sentencia (en este momento, España se ha clasificado para cuartos, así que mañana la prensa hablará mucho de ello y menos de lo otro).
Todo el proceso estatutario ha sido un verdadero lío, pero no creo que lo acontecido desde hace seis años hasta ahora haya sido peor que lo que se nos viene encima. Recordemos, en diez actos, como fue más o menos la cosa: 1) ZP promete en campaña electoral catalana que apoyará el Estatuto que apruebe el Parlamento catalán; 2) Ya con Maragall de President, con el PSC en la Generalitat en un tripartido de infarto, el Parlament aprueba un estatuto de máximos poco asumible por la mayoría… de catalanes, incluso; 3) se crea un lío de narices entre PSC y PSOE, con Montilla sucediendo a Maragall como candidato a la Presidencia de la Generalitat y Artur Mas pactando con ZP los recortes al texto a cambio de vete a saber qué… o sí; 4) el Parlament aprueba por amplísima mayoría un nuevo Estatut, bastante más constitucional que el primero, al que las Cortes pasan el cepillo, en palabras de Alfonso Guerra; 5) El nuevo texto se vota en referendum por el pueblo catalán, con una participación alrededor del 40% y, entre ésta, un 75% de síes; 6) El PP recurre el texto ante el Tribunal Constitucional y enreda el tema recusando a un magistrado; 7) Se van aprobando otros estatutos autnonómicos, de corte similar, pero parece que sólo el catalán supone obstáculos a la “indisoluble unidad de España”; 8 ) El TC se enreda en sí mismo, con problemas quorum, legitimidad, conceptos… sin saber como desencallar el tema y ZP se va desentendiendo de su compromiso, tras ganar por los pelos las últimas elecciones.; 9) Mientras todo sigue igual, se intenta desencallar la financiación catalana, al margen de la resolución final del Estatut… y el resultado es bastante digno, en relación a lo esperado y más aún teniendo en cuenta lo que hasta entonces a los gobiernos de Pujol les había parecido suficiente. 10) El PSOE se desentiende de la España plural y Montilla se pasa la mayor parte de la legislatura catalana defendiendo como puede, con orgullo y buen hacer, la autoridad de su presidencia, la dignidad de Catalunya, la relación PSC-PSOE… y clamando contra la desafección. ¡Ah! Lo de la dignidad también lo defiende la prensa catalana.
Y a dia de hoy, con avance de la sentencia del TC, aunque sin conocer su contenido exacto, la situación está envenenada. El genial periodista Enric Juliana, lo expresa bastante bien hoy en La Vanguardia. El TC recorta el texto, pero no tanto como se temía. Por supuesto, cada cual lo ve como quiere, y tanto la prensa como los partidos como los ciudadanos de a pie (que también tenemos opinión propia), vamos sacando nuestras conclusiones. Algunas de mis reflexiones (no me atrevo a llamarlas conclusiones) hoy son las que siguen.
1) Sabiendo de la importancia del simbolismo, el TC salva los símbolos catalanes (himno y bandera… y el tema lengua en general no sale mal parado), pero apostilla que el término “nación” del preámbulo carece de eficacia juríica, reafirmando varias veces “la indisoluble unidad de la nación española”. ¿Hacía falta meter más leña al fuego y recordar lo de la “eficacia jurídica” y lo de la nación española? Está claro que lo del federalismo sólo nos lo creemos algunos.
2) Se veía venir que el TC recortaría tanto como pudiese el articulado referido al Consejo de Justicia, el equivalente propio al CGPJ, y las competencias catalanas en la materia. ¿Acaso una jurisdicción que pierde competencias en una parte del territorio va a consentirlo?.
3) Resulta rídiculo que a estas alturas los acuerdos sobre financiación aún se limiten a unas cifras y no a un concepto, sólo a derechos y no a deberes, y que la solidaridad entre territorios deba ser casi por definición ilimitada. El TC parece que se carga las referencias al esfuerzo fiscal que deben realizar todas las autonomías, así que seguimos mal en la única materia que en mi humilde opinión justificaba toda la movida estatutaria (y de hecho, justificaba cualquier cambio en la regulación, sin tener que entrar en cambios estatutarios).
4) En resumen, la sentencia del TC se ha basado en una interpretación política –que no jurídica– de la cuestión catalana –que no del texto estatutario–. Pero es que también el proceso estatutario y su consideración como constitucional, ha parecido esencialmente un proceso más político que jurídico. Algo se me debe escapar, porque me sigo preguntando qué hubiese pasado si la deliberación y sentencia del TC hubiese sido anterior a la votación en referendo popular.
En cualquier caso, la pregunta es: ¿Y ahora qué? ¿Nos subimos al monte y lo cruzamos? ¿Agachamos más la cabeza para que nos den de collejas? De momento parece que vamos a manifestarnos… o no. ¿Y si el dia 10 no son más de 50 o 100 mil los que se ponen a la cola de la manifestación? ¿Cómo nuestros representantes políticos van a reclamarse portadores de una amplia voluntad catalana? España y Catalunya se necesitan, pero esto no puede seguir así. Con 5 millones de parados en España, la gente perdiendo poder adquisitivo y las instituciones mundiales con la vista puesta encima, no podemos seguir por más tiempo enredados en un debate que no nos va a ayudar a salir de la crisis.
¿Estamos en situación de emergencia nacional que justifique adelanto de elecciones o gobierno catalán de concentración y unidad? Creo que no, pero de verdad que no sé como saldremos (todos, Catalunya, España, los ciudadanos y la cohesión social y territorial…) de este trance. Debemos seguir confiando en las instituciones y en los procedimientos democráticos, pero muchas cosas han de cambiar en todas partes. Esto es una crisis institucional y política en toda regla, y necesitamos poder confiar en nuestros representantes y éstos entre sí y en sus respectivas instituciones. No es momento de populismos, pero tampoco es momento de demagogias con interés electoral. Serenidad, sentido común, respeto, confianza. Que alguien se gane la mía.
La inversión mexicana en España, y viceversa
En tiempos de crisis, sólo el que tiene dinero puede afrontar una mala época. El Santander (megabanco) está comprando bancos en el Reino Unido y America. Pero también desde el extranjero hay quien tiene interes en invertir en España.
El diario Expansion publica un interesante artículo sobre los inversores mexicanos con intereses en nuestro país, especialmente en diversos fondos de capital riesgo. Seguramente podrían haberlo completado con datos sobre la conexión Mexico-España en términos empresariales y políticos (sin que con ello pretenda afirmar que hay nada extraño en el cruce de tales intereses… aunque seguramente algo sí se encontraría), e incluso en lo relativo a medios de comunicación. Ya sabes que Emilio Azcárraga, dueño de Televisa, es accionista de La Sexta (posee el 40%, aunque el control de la gestión la lleva Mediapro), mientras cuentan los mentideros de la Villa que el expresidente Felipe González y el magnate mexicano Carlos Slim llevan tiempo intentando concretar algo, un plan de salvación para el grupo Prisa.
Surfeando por ahí, encuentro enseguida algunas cifras interesantes sobre el tema. 1) la inversión española en Mexico ha sido en los últimos diez años de 30.000 millones de dólares, el 15% de la inversión total en Mexico. 2) el Presidente mexicano Felipe Calderón, en un discurso reciente (junio 2008) ante representantes empresariales españoles y el propio Ministro de Industria, Miguel Sebastián, ofrecía cifras oficiales sobre la cuestión: “España es el segundo socio comercial de México entre las naciones de la Unión Europea. Las exportaciones mexicanas a España aumentaron en 145 por ciento en los últimos siete años y la inversión de las empresas mexicanas en España, tan sólo entre 2002 y 2006 ascendió alrededor de mil 200 millones de euros“.
España
Tras Holanda y Rusia, España. En una Eurocopa sorprendentemente buena, con emoción, buen juego y muchos goles, éstas tres han sido las mejores selecciones. Bueno, deberíamos incluir ahí a Alemania, que por algo está en la final.
Y aunque nadie daba un duro a priori por la selección española (los fatídicos Cuartos ya forman parte de nuestra cultura popular) lo cierto es que ahora somos muchos los que creemos que sí, que podemos. Aunque en el fondo, ser subcampeones también es un éxito… que nos frustaría, seguro. No debemos olvidar la famosa cita de Gary Lineker: “El fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania” (que también sería aplicable a Italia, salvo en esta Eurocopa).
Recuerdo pocos éxitos de la selección (el subcampeonato en la Eurocopa 84, que ganó Francia) y varios grandes partidos, de los cuales sólo uno (el 12-1 a Malta) hasta la fecha terminó bien. El resto, excepcionales derrotas con buen fútbol y dominio -pero derrotas, al fin y al cabo- ante Brasil en el 86, ante Italia en el 94 y algunos más. Esta vez, una derrota nos dejaría un sabor agridulce, pero objetivamente, pase lo que pase, por futbol y resultados, esto ha acabado siendo un éxito. Especialmente para Cuatro, que se ha empeñado a lo grande en vincular su cadena con la Eurocopa (como la Sexta hizo en el pasado Mundial) y las audiencias responden. Y la memoria colectiva también: ese ‘podemos’ se dejará oir durante tiempo.
En fin, pase lo que pase, quien saldrá por la puerta grande es Luis Aragonés, con nuevo contrato en Turquía, a ganar pasta y a jubilarse por todo lo alto, con un resultado histórico con la selección. Y eso que no ha llevado a Raúl. Menos mal que Luis no atendió mis plegarias y se dejó en casa al mejor jugador español de los últimos 15 años, porque si no, posiblemente estaríamos hablando de otra cosa, y no por culpa de Raúl, sino del ambiente general.
Imagina que ganamos
Después de esto…
… esto otro
Yo, como los de Carrusel Deportivo, ya empiezo a creer que podemos. ¡Imagina que ganamos!
Rusia
Pues contra pronóstico, la Rusia de Gus Hiddink será semifinalista tras cepillarse en un tremendo partido a Holanda, hasta ahora, la mejor selección del campeonato.
Lo de Rusia hoy ha sido espectacular, con un medio campo de contención que ha impedido a Holanda atacar con claridad, y una media punta increíblemente veloz e imaginativa, con Arshavin y Pavlyushenko -dos tipos de los que no tenía apenas referencias antes de esta Eurocopa- que me han dejado boquiabierto. Y no es que la selección naranja haya planteado un mal partido, pero como Hiddink es holandés debía intuir algo, y ha dado en el clavo con la táctica.
En cualquier caso, me da la impresión que lo decisivo ha sido el estado físico. El desgaste de Holanda en la primera fase se ha notado demasiado (Snejder no ha entrado prácticamente en juego hasta la segunda parte y sólo ha tenido fuerzas 50 minutos), mientras que Rusia, que ha ido de menos a más hasta hoy -donde esperemos que haya alcanzado el cénit… por si España gana a Italia y nos tocan los rusos en semis- ha aguantado mejor el envite. Y ya puestos, Van Basten -por si lees este blog-, ¿puedes dejar en el banquillo de una maldita vez a Kuijt? ¿Qué aporta este hombre en la delantera estando Robben o Van Persie en el banquillo?
Holanda
Hace semanas comenté una noticia en la cual se vaticinaba que España caería ante Holanda en cuartos de final de la Eurocopa. Tal vez no suceda exactamente así, veremos que hace mañana la selección ante Suecia. Si vence, quedará primera de grupo y por tanto esquivaría a Holanda. Pero lo cierto, es que después del 3-0 de los naranjas a Italia y del 4-1 que, en un partidazo, le acaban de meter a Francia (con Sneijder, Van Niestelroy y Robben a lo campeón; y también el francés Rivery, que es el único joven del equipo) pinta muy mal para quien se cruce en su camino.
Nos van a freir en cuartos
Y no me refiero al Barça, que está jugando justo ahora y parece que lo tiene bien para pasar a semis de la Champions (ya llegará el Manchester, ya), sino a la selección española. Publicaron hace unos dias en el diario económico Expansión que Holanda nos mandará a casa en cuartos de final en la próxima Eurocopa, según las previsiones de la firma suiza de análisis financieros UBS. Cuentan que esta gente, que utiliza las mismas estadísticas matemáticas para el fútbol que recomendar inversiones, lleva acertando en las últimas competiciones. O sea, que podrían fallar y España podría llegar hasta semifinales… aunque allí nos tocaría Italia y el resultado se ve a la legua, aún sin recurrir a las predicciones de UBS.

